CINE ÁTOMO


Esta película es la primera del nuevo movimiento conocido como “Cine Átomo”, creado por un grupo de jóvenes productores de Mérida, entre los cuales se encuentra el propio Alberto Arvelo. El objetivo del “Cine Átomo” es hacer cine de calidad a costos muy bajos, reduciendo al máximo los recursos convencionales de producción, tanto de orden técnico como de reparto, aportando --en compensación-- una elevada creatividad de contenidos.


EL CINE ÁTOMO
Si no fuera por el ejemplo anteriormente citado, el “Cine Átomo” podría ser considerado como utópico. Ha sido llamado así por ser el “átomo” la forma más pequeña que presenta la materia.
Las grandes producciones siempre han sembrado la premisa de que una película no puede tener “éxito” si no es el resultado de un elevado presupuesto. El cine épico de DeMille, con sus millares de extras, sus fastuosas escenografías montadas en el desierto, sus cascadas que sustituían al agua con toneladas de sal, pareciera haber dado inicio a esta teoría.

Pero si a estas películas las desnudamos de ese costoso ropaje de efectos increíbles y fastuosas escenografías, nos daremos cuenta de que muy poco o nada les queda para ofrecernos. La atención y el asombro están enfocados solamente en la fuerza de la forma. Sin tal apoyo, el interés desaparece por la ausencia de contenido emocional.

El “Cine Átomo”, otorga real importancia a la "cualidad" y muy poca a la "cantidad", al ligerar el mensaje de todo elemento innecesario para que solamente quede lo esencial. Esto, desde luego, plantea un enérgico reto de creatividad e imaginación.
Afortunadamente esa misma tecnología, causante del derroche sustitutivo de lo realmente valioso, también viene en auxilio del “Cine Átomo”, para que el tan anhelado “milagro” se pueda manifestar. La informática es la “varita mágica” con la que cuenta el productor para ello.
Ya podemos prescindir de alguos de los elementos que encarecen las producciones: La variedad de emulsiones y sensibilidades de películas; el temor de tomas no vistas, que solo se disipa después de reveladas en el laboratorio; los “nagra”; los largos efectos de “truka”; las baterías de luces; los “brutos” y los “mini brutos”; las grandes plantas generadoras de electricidad; los foquistas; las claquetas de sincronización; las “bolsas negras” para cargar los chasis; los largos ensayos en seco, sin rodaje, para ahorrar material; las complejas editoras “Prevost, y paremos de contar, porque es muy larga la lista de equipos costosos y complejos que imponían la contratación de un numeroso personal de alta especialización.
Hoy el video digital ha reducido dramáticamente esta complejidad. Las cámaras son mucho mas pequeñas y livianas. La iluminación apenas requiere de algunos "toques" ocasionales y sencillos. Las tomas pueden ser vistas de inmediato. La edición es asombrosamente rápida con pistas múltiples de imagen y sonido. La transferencia de video a cine proporciona imágenes de calidad dentro de los rangos usuales de la gran pantalla. Y, además, todo ello ha permitido reducir substancialmente los costos y el volúmen del personal anteriormente involucrado.
La nueva tecnología está haciendo posible el “Cine Átomo”..!
¿CÓMO HACERLO?
Ésta es sin duda, la gran pregunta que conduce a esta simple y gran respuesta: solo con CREATIVIDAD Y TALENTO.
Así, como la Mona Lisa tiene que ver únicamente con el genio de Leonardo y relativamente muy poco con sus pinceles, sus pinturas y su tabla, la calidad del “Cine Átomo” solo tiene que ver con el valor de su contenido.
Es preciso compensar con creatividad y talento la simplificación de los equipos y el personal.
La tecnología está disponible en el mercado. Sin embargo, el talento no es un material tan abundante como las posibilidades efectistas . Reducir personal implica que sean pocos quienes hagan el trabajo de muchos. Si examinamos la ficha usual requerida para un largometraje, encontraremos un listado bastante largo compuesto por técnicos que forman un verdadero ejército con una gran variedad de rangos y especializaciones: directores, productores, camarógrafos, luminitos, maquilladores, escenógrafos, vestuaristas, creadores de efectos especiales, actores, modelos, dobles. Todos ellos con uno o mas asistentes. Pero es preciso agregar también: cocineros, choferes, pintores, carpinteros, electricistas, etc. etc.
Para poder lograr que toda esta “troupe” profesional sea sustituida exitosamente por unos pocos, es preciso que los seleccionados tengan --además de una probada mística-- la suficiente capacidad de realizar varias tareas a la vez, con gran eficiencia y conocimiento de oficio.
Y eso no es fácil de encontrar.
Lo ideal sería que el director fuese también el autor del argumento y de ser posible también el director de fotografía. Esto implica un conocimiento completo de estructuración de guión, escena, actuación, encuadre y secuencia de montaje. El camarógrafo, además de conocer bien la tecnología y manejo de su cámara, deberá también aplicar la adecuada iluminación de apoyo y saber “escribir” las escenas utilizando el lenguaje audiovisual correcto, libre de errores secuenciales. El asistente deberá auxiliar totalmente al director, al camarógrafo y a los actores y, de paso, ser un buen sonidista.
Por su parte los actores serán sus propios directores de escena, así como también sus adecuados maquilladores y vestuaristas.
El grupo deberá actuar con gran conciencia de equipo, cooperando al cien por ciento, libre de mezquindades y rivalidades. Llenando eficazmente todo vacío. Complementando cada acción con elevada mística.
Podría pensarse que estas palabras, dichas así, pudieran encerrar una jocosa ironía por describir algo que posiblemente muchos no consideran viable. Nada más lejos de ello. El “Cine Átomo” es posible. Constituye una grande y estimulante aventura. Es un vivificante reto a la creatividad. Es una gran puerta abierta que nos invita a traspasar sin temor. Es una gran oportunidad para hacer cine, ya sea argumental o documental.
Lo único que hay que cuidar es la calidad del contenido. Sin ella de nada valdrá el esfuerzo.
La prueba está allí, palpable y a la vista, en HABANA-HAVANA.
Por: Aureliano Alfonzo B.
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